Los coleópteros pertenecientes al grupo de los Cerambícidos incluyen especies cuyas larvas son xilófagas primarias. Forman un grupo funcional esencial en la degradación de la madera y la potenciación de la biodiversidad, por lo que son habituales en ambientes arbóreos.
En estos mismos entornos rurales se encuentran los caseríos, cuyas estructuras se ven cada vez más afectadas por estos insectos. Estudios realizados en espacios dentro de la Red Natura 2000, muestran un aumento sostenido y expansión de estos escarabajos longicornios.
Una vez el insecto adulto ha depositado los huevos en la madera, nacen unas larvas xilófagas, que pueden alcanzar 20-30mm de longitud y que excavan galerías por el interior de la madera de hasta 1cm de anchura. La fase de larva puede durar, según condiciones de temperatura y humedad, hasta 8-10 años en el interior de la madera, sin mostrar daños exteriores. Una vez llega al tamaño adecuado, genera un orificio de salida ovalado de 6-12 mm de diámetro, a través del cual emerge al exterior en fase adulta.
Los principales signos de actividad de este grupo de insectos son los orificios de salida ovalados de los adultos, con aparición de restos de serrín muy fino, y el característico sonido que genera la fase larvaria al alimentarse (crujido).
Previo al tratamiento en muchos casos es necesario un decapado de las zonas acorchadas, generadas por el consumo del insecto, para favorecer la absorción del producto.
El tratamiento del ataque de estos xilófagos pasa por la instalación de unas válvulas antiretorno a través de las cuales se inyecta el insecticida al interior de la viga. Al tratarse de insectos se gran tamaño, requieren una dosis mayor de insecticida (mayor DL50), que solamente una aplicación superficial no cubre.